Treinta años de Democracia que lo cambian todo
En estos días en que el Mediterráneo vive en primera persona la implicación de diferentes pueblos “empujando la transición democrática”, los españoles conmemoramos el 30 aniversario del 23-F.
Entonces, yo tenía apenas 6 años y evidentemente no guardo un recuerdo nítido de aquellos momentos… pero en la nebulosa de una memoria infantil recuerdo nervios e inquietud en mi casa en Euskadi, donde vivía. Compañeros y amigos de mis padres en casa, con mucho ajetreo. Con el tiempo he sabido que, evidentemente, eran hombres y mujeres comprometidos con la lucha democrática y que aquella noche vivieron momentos de miedo, porque aquello podía tener consecuencias en sus vidas.
Yo, que formo parte de una generación que, afortunadamente ha nacido y vivido siempre en Democracia, me planteo cuánto ha cambiado nuestro país gracias a estos treinta años y gracias a personas que vivieron de forma anónima aquella noche con temor pero a su vez, pienso qué cerca queda aquel intento de golpe de Estado y qué necesidad hay de hablar y de memoria, para aprender de estos hechos, para no volver a caer en aquellos errores. Estoy convencida de que la democracia en España no tiene vuelta atrás, pero hay que ejercerla todos los días, ahondar en la transparencia, en la participación política y consolidar nuestro modelo cada día.
Afortunadamente, estos treinta años de Democracia nos han dado un país completamente diferente, en el que, por ejemplo, aquel Parlamento que guardamos en la retina tomado por algunos miembros del ejercito y guardia civil, -hay que recordar que hubo militares y guardias civiles que también se rebelaron frente a Tejero - era un Parlamento masculino, y hoy es una Cámara casi paritaria, en la que hombres y mujeres representan la voz de los españoles y españolas.
Aquellos hombres de uniforme que tomaron el Congreso dieron una imagen violenta y de secuestro de la voluntad popular muy diferente a la que hoy disfruta nuestro ejército y nuestros cuerpos de seguridad del Estado, reconocidos internacionalmente por su contribución a la paz en el mundo, bajo las misiones de las Naciones Unidas.
Treinta años que han logrado que ahora seamos muy conscientes, no sólo de lo que pasa en nuestra democracia, sino de lo que pasa en otros países. Nos sentimos responsables también de lo que ocurre en otros países del mundo, del empuje democrático que vive en días como hoy el Mediterráneo por ejemplo, a los que deseamos la misma suerte que vivió España.
Humos poco saludables
Tras mes y medio de aplicación de la nueva ley antitabaco, de reflexión y debate sobre el ambiente que respiramos y compartimos, sobre los espacios comunes en los que convivimos, y sobre la respuesta cívica mayoritaria de la sociedad ante la ley, saltan todas las alertas sobre otro aire que también respiramos nada saludable y sobre el que poco o nada se ha hecho en este tiempo para solucionarlo. Me estoy refiriendo a la contaminación que inunda ciudades como Madrid estos días.
No es ni mucho menos un debate nuevo. Los madrileños y madrileñas llevan demasiado tiempo reivindicando respuestas contundentes medioambientales a un problema que ha ido creciendo paulatinamente. Escuchamos muchas propuestas sobre movilidad sostenible, sobre sensibilización, mejoras en los servicios de transporte públicos,… pero, a la hora de la verdad, los únicos defensores de un ambiente saludable siguen siendo los mismos, los vecinos y vecinas.
Marchas ciclistas de protesta los últimos jueves de mes, concentraciones de queja, quedadas sostenibles,… forman parte ya de la cotidianeidad de la sociedad madrileña, pero, ¿quién recoge el guante? Quizás en lugar de poner el foco en la anécdota sobre la aplicación de una ley saludable para respirar un buen ambiente, algunos representantes políticos deberían también iniciar esas políticas medioambientales que llevan esperando los ciudadanos y ciudadanas desde hace ya demasiado tiempo. Mientras tanto, seguiremos viendo sobre nuestras cabezas esa especie de nube marrón grisácea que a todos nos afecta.
De vuelta
Hola a todos y todas. En los últimos meses mi nueva responsabilidad y sus obligaciones me han apartado de este blog, aunque siempre rondaba en mi cabeza un “en el hueco después de… me pongo con ello”, pues es algo que me gusta y quería actualizarlo. Os pido disculpas por no haberlo hecho.
Dentro de unos días hará tres meses que fui nombrada Ministra de Sanidad, Política Social e Igualdad. Una enorme responsabilidad que asumo con muchísima ilusión, pero también siendo muy consciente de los retos y tareas pendientes que exigen de la máxima atención. En eso estoy, rodeada de buenos profesionales que llevan años dedicándose al bienestar de los demás.
Quisiera aprovechar estas líneas para agradecer el apoyo que he recibido en este tiempo, también a través de este blog, pero además, expresar mi compromiso renovado con este espacio y con todos los que estáis siempre pendientes al otro lado, a todos los que me hacéis llegar vuestras aportaciones, quejas o comentarios. Siempre sirven. Gracias.
Garantizando derechos: Ley de igualdad de trato y no discriminación
“Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna, por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión, o cualquier otra circunstancia personal o social”. Así queda recogido en el artículo 14 de nuestra Constitución. Un derecho que tenemos la obligación de garantizar. Son muchos los ejemplos que nos indican que debemos actuar, tal y como nos pide también la Unión Europea.
De aquí en adelante iniciamos un período de participación y concertación que nos permita aprobar la mejor ley posible para ello, la Ley Integral para la Igualdad de Trato y no discriminación.
Esta ley pretende visibilizar y sacar a la luz los problemas de discriminación que existen en España, y ofrecer respuestas adecuadas. No se trata de regular las relaciones interpersonales, se trata de garantizar el acceso a determinados derechos y servicios en condiciones de igualdad para todos los ciudadanos y ciudadanas.
Se trata de construir una sociedad más igualitaria y respetuosa, una sociedad que no humille a nadie y que no permita que nadie sea humillado. No solo porque es lo más justo, sino porque además, esa sociedad es mucho más competitiva y por ende productiva.
Este Gobierno ha desarrollado y avanzado mucho en estos años en derechos civiles y con esta Ley damos un paso más. Incorporamos por primera vez todas las definiciones en materia de discriminación que existen en el ámbito de la Unión Europea. Así, España se sitúa a nivel de países como Alemania, Suecia, Holanda y Austria, que ya han adaptado sus normativas.
La discriminación nos puede afectar a todos, a través de la edad, la enfermedad o la discapacidad, por ejemplo. Esta es, por tanto, una ley de mayorías, una ley que garantiza derechos, no los crea.
Estoy convencida de que este proyecto contará con el respaldo de la mayoría del Parlamento y de la sociedad en su conjunto y que con ello avanzaremos hacia una sociedad más cívica y solidaria.
« Nuevas entradas — Entradas anteriores »
Inicio











