Blog de Leire Pajín

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Sobre mí cerrar ventana

Nací en San Sebastián en 1976 y crecí en Benidorm. Licenciada en Sociología por la Universidad de Alicante en 1998, compaginé los estudios con distintas actividades culturales y deportivas. Cofundadora de la Asociación Estudiantil Campus Jove, de la que fui presidenta, participé activamente en la vida universitaria. Fui miembro del Claustro y de la Junta de la Facultad de Económicas y Sociología de la Universidad de Alicante (1995-1999).

Expresidenta de la ONG Solidaridad Internacional, he sido miembro de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui en Alicante y Secretaria Federal de Movimientos Sociales del PSOE.

En la VIII Legislatura fui secretaria de Estado de Cooperación Internacional del Gobierno de España. Entre 2008 y 2010 secretaria de Organización de la Ejecutiva Federal del PSOE y recientemente ministra de Sanidad, Politica Social e Igualdad.

En la actualidad soy diputada socialista por Alicante y portavoz de Medio Ambiente en la Comisión de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

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17 marzo, 2011

Una mujer de ayer, de hoy y también de mañana. Gracias Josefina Aldecoa


Ayer se nos fue una gran mujer. Una de esas personas que marcan nuestro pensamiento, nuestra forma de entender la vida, nuestra forma de sentir. Somos varias generaciones las que ayer sentimos un gran vacío al conocer la triste noticia y eso dice mucho de lo que ha supuesto Josefina Aldecoa para nuestro país.

Sus libros nos han enseñado a ser más personas, más críticas y más libres. Josefina será siempre un símbolo para el mundo de la educación, de la cultura, del pensamiento, pero también para la igualdad.

Tuve la gran fortuna de conocer personalmente a Josefina Aldecoa, algo que considero todo un privilegio. Todavía recuerdo cómo disfrutó en un viaje a Mozambique y Kenia en el que coincidimos en la etapa en la que yo ocupaba la responsabilidad de Secretaria de Estado de Cooperación, en el encuentro de mujeres africanas y españolas por un mundo mejor. La recuerdo como una mujer que era, en esencia, puro compromiso. Compromiso con la igualdad, con su tiempo, con la sociedad que le tocó vivir, compromiso con los retos presentes y futuros, compromiso con la docencia y los valores de la libertad y la democracia.

Una pionera de la educación. Una maestra de maestras. Una mujer valiente que fundó el Colegio Estilo de Madrid, en el que desarrolló sus tesis educativas, inspirándose en los ideales de la Institución Libre de Enseñanza.

Me alegro de haber podido otorgarle como Ministra la medalla de la Igualdad este pasado 8 de marzo. Era una pequeña deuda que teníamos las mujeres con una gran luchadora por la igualdad de oportunidades, por los derechos de las mujeres de este país.

Desde esta humilde ventana quiero trasladar a la familia y amigos de Josefina Aldecoa todo mi cariño y apoyo por esta gran pérdida.

Nos queda su recuerdo y el mejor de los tesoros: su legado literario y pensamientos. Mi pequeño homenaje, la relectura de Mujeres de Negro o Los niños de la guerra, dos de sus obras que tengo entre mis preferidas.

Josefina Aldecoa, muchas gracias y hasta siempre.

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11 marzo, 2011

Clara Campoamor


Anoche fue uno de esos pocos momentos en que tengo tiempo para detenerme unas horas y reunirme tranquilamente con las amigas para compartir juntas un ratito de televisión, y mereció la pena.

TVE-1, la televisión pública, esa que hemos construido para poner la pluralidad al servicio de la ciudadanía, no del gobierno, y sin publicidad, emitía el pasado miércoles una nueva pieza inspirada en nuestra memoria histórica. Una película sobre Clara Campoamor.

Por una y mil veces que lea y relea aquel debate que se produjo en el Congreso de los Diputados sobre el derecho o no de las mujeres a poder votar, no podré dejar nunca de emocionarme; de indignarme con argumentos delirantes sobre nuestra capacidad que, desgraciadamente algunos de ellos todavía perduran; de rebelarme ante los intereses cruzados que nos llevan a las mujeres a ser moneda de cambio en el trueque de la negociación; a la convicción de que la derecha nunca se lo creyó; a  la decepción de quienes algún día fueron compañeros de partido y no fueron fieles a nuestros principios y  especialmente, la decepción de quien era compañera y cómplice, que tuvo la oportunidad de estar ahí, construyendo un momento histórico, y dio un paso atrás en el ultimo  momento. Pero también, el orgullo de otros compañeros que se mantuvieron firmes y, sobre todo y ante todo, el orgullo y admiración por una mujer coherente y valiente a la que admiro y con la que me siento en deuda, capaz de seguir adelante ante todas las cosas… ante todos los obstáculos, Clara Campoamor.

Ayer fue uno de esos días en los que volví a reafirmarme en mi convicción de la necesidad de recuperar la memoria, de construir películas como esta, no para arrojárselas a nadie, sino para entender lo que costó conquistar muchos derechos y por qué sigue costando tanto la igualdad. Para recordar el pasado y ganarle al futuro. Para ser y para reflexionar.

Ayer fue uno de esos días en que, a la consciencia de lo que queda por hacer, le vencen las ganas de seguir peleando.

Gracias Clara por ayer, hoy y siempre.

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25 octubre, 2009

Acto de reincorporación



Desde ayer, 36 compañeros y compañeras, entre ellos Juan Negrín, volvieron a casa, si es que aluna vez no estuvieron en ella. Ayer dimos cumplimiento a uno de los compromisos que adquirimos en el 37 Congreso del PSOE, la rehabilitación de militancia de 36 compañeros que fueron apartados del partido en 1946. Hoy, el tiempo y la historia nos han enseñado que aquella decisión fue un error, algo que nuestro partido ha reconocido y rectifica. Recogemos el testigo de nuestras compañeras y compañeros con el firme compromiso de que cumpliremos sus sueños y continuaremos luchando con la misma determinación, con las mismas ideas y con el mismo coraje. Hemos recuperado una parte de nuestra memoria histórica, una memoria que cuenta ya con 130 años, una historia que no queremos olvidar.

Seguiremos apoyando a los hombres y mujeres que quieren rescatar la verdad, homenajear a quienes defendieron la democracia, buscar en las cunetas a quienes fueron fusilados injusta, indigna e ilegalmente, y reconocer y recuperar nuestra historia.

Los socialistas no necesitamos refundarnos cada año, ni tenemos la necesidad de borrar las huellas de nuestro pasado en un permanente viaje a no se sabe dónde, como hacen algunos. Somos un partido fuerte que no teme mirar al pasado porque estamos orgullosos de él y sabemos adónde va.

Un pasado del que forman parte estos 36 compañeros. En el acto de rehabilitación de militancia tuvimos el honor de poder contar con la presencia de sus familiares, que acudieron a la casa de todos los socialistas para reconocer la labor de sus familiares, como fue el caso de Carmen Negrín, nieta de Juan Negrín. Recorrieron miles de kilómetros en la mayoría de los casos para reconciliar la memoria de sus familiares, para sentir el calor de un partido que ha sabido rectificar.

Un encuentro de emociones y reconocimiento a la labor de 36 hombres y mujeres que jamás dejaron de dar voz a las ideas del socialismo, que sufrieron las injusticias de una guerra que les separó de su tierra y de su partido. Lo expresaba muy bien ayer Carmen Losa, que nos regaló unas notas de razón y sentimiento que nos emocionaron a todos los que estábamos presentes. Unos versos que quiero compartir con todos vosotros y vosotras:

Hay demasiados olvidos.
Demasiadas piedras ocultas,
demasiados
caminos por volver a andar,
para acordarnos,
para no quedarnos solos
en este mundo pagano de ideales,
en el barullo diario de coger un autobús o un tren
que nos lleva siempre al mismo sitio.

No miramos, no nos sorprendemos
cuando pasamos por donde en otro tiempo
florecieron personas y luchas y razones
que dan sentido a lo que hoy somos.

Así que hoy
(precisamente hoy)
me levanto,
hoy nos levantamos
para no perdernos, para encontrarnos,
para no olvidarnos.
Y despertar, después de muchos años
sobre una almohada de injustas telarañas
persistentes y tenaces como chicharras de agosto.
Despertar la memoria dormida,
despertar del sueño del olvido,
desperezar nuestros ojos y nuestros pensamientos.
Y agradecer, hasta siempre, hasta la última gota,
agradecer a aquellos que estuvieron
para que hoy estemos aquí todos nosotros.

Carmen Losa

Yo no viví con vosotros
los tiempos en que nadie se entendía.
Yo no era ni tan siquiera
un proyecto de vida de mis padres.
Yo no corrí, yo no luché,
yo no dejé mis brazos y mis piernas en medio del camino,

Yo vine cuando ya la mesa estaba puesta,
cuando se habían ido los que tuvieron que irse
porque no había sitio para todos,
porque no cabían pensamientos en las calles
y se llegaron a prohibir las amapolas de los campos.

Yo nací con un terrón de azúcar en la boca
y me hablaron de cuando no había pan
y yo no lo creía.

Yo rezaba sin saber al lado de quién tenía que rezar
y estudiaba la historia de los libros
hasta la página en que solo había garabatos desdibujados.
Y me hablaron de guerras fratricidas,
mientras yo disfrutaba de una paz plácidamente impuesta.

Yo estudié política en las aulas, cuando la política era solo una.
Y a pesar de todo
empecé a saber que había una razón
detrás de aquello que no se nos contaba.
Que había que encontrar las diferencias,
como en dos dibujos aparentemente iguales
en los pasatiempos de un periódico.

Y ahí estaban, lo sabía,
era cuestión de mirar, de seguir buscando.
Ahí estaban los nombres y apellidos,
ahí estaban las vidas y las muertes.
Y las familias y los amigos
y las palabras escritas y no escritas
y la música callada, silenciada
a golpe de fusil y alarmas antiaéreas.

Hoy sé que soy para que ellos vuelvan.
Hoy sé que estoy para mirarlos a la cara,
para darles mi mano y abrazarlos
y darles aliento
con la sangre que fluye acompasada por mis venas.

Y como yo
todos los que nacimos con un terrón de azúcar en la boca.
Sabemos que nacimos para eso,
para abrazar a aquellos a los que no conocimos
y sentar un precedente ante el futuro.

Carmen Losa

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06 agosto, 2009

70 años recordando a “las 13 Rosas”


Ayer tuvimos en Madrid un sol especialmente intenso, como las emociones que compartimos todos los ciudadanos y ciudadanas que en la mañana de ayer quisimos estar, un año más, conmemorando el aniversario del asesinato por parte de la dictadura franquista de trece mujeres jóvenes el 5 agosto de 1939. Junto a ellas otros muchos jóvenes fueron fusilados en ese trágico verano y durante demasiados años más, por el único delito de defender la libertad y los valores constitucionales que hoy nos resultan cotidianos en una sociedad democrática.

Todavía recuerdo la primera vez que leí el libro de Carlos Fonseca “Trece rosas rojas”. Me resulta imposible no dejarme llevar por las emociones que despierta en su relato, incluso ahora, cuando trato de recordarlo. Especialmente cuando nos explica las deplorables condiciones de vida de las mujeres en las hacinadas cárceles del momento, y las últimas horas de estas jóvenes a las que les parecía impensable que pudieran llegar a matarlas simplemente por pertenecer a las JSU, algunas de ellas, como Blanca Brisac, ni siquiera. Una mujer que se despedía de su hijo diciéndole: “Las buenas personas no guardan rencor”.

Ayer mismo, Ángeles García Madrid, a sus 91 años, nos relataba con la pasión de una joven, cómo vivieron las compañeras de la cárcel de Ventas la injusta tragedia de sus amigas de juegos en el patio del penado. Y su testimonio vivo nos ha permitido comprobar que la dignidad y el anhelo de libertad persistió generación tras generación. Que nunca consiguieron que olvidáramos sus nombres, pero mucho menos el sentido de sus vidas, porque los testimonios que faltaban y que fueron silenciados durante tantos años, pervivieron en los corazones y en la memoria de sus amigos y familiares.

Y en actos cívicos como estos comprobamos que junto con la recuperación de la memoria histórica como un derecho de todos, recuperamos también el legítimo orgullo de sabernos herederos y herederas de aquella generación de hombres y mujeres buenos, sedientos de progreso y libertad. Creo que la participación de la sociedad civil en las iniciativas de recuperación de la memoria histórica contribuye claramente a construir una ciudadanía más activa y comprometida en el proceso de elaboración de nuestra propia historia.

Ana, Victoria, Martina, Virtudes, Luisa, Elena, Dionisia, Joaquina, Carmen, Pilar, Blanca, Adelina y Julia. Siempre estaréis presentes en nuestro recuerdo.

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