Bienvenido a casa
Ayer pudimos ver por fin fuera de la cárcel a Juan López de Uralde. Digo por fin porque, desde el respeto al Estado de Derecho de Dinamarca, parece desproporcionado que el director de Greenpeace España haya permanecido 20 días en una prisión del país por un hecho anunciado previamente y pacífico, y porque la organización ha colaborado en todo momento con la justicia, ofreciendo todos los datos y la información que les ha sido solicitada por las fuerzas de seguridad. Obviamente el incumplimiento o violación de una ley debe ser correspondido con una sanción proporcional al delito cometido, algo que nunca ha negado la propia organización afectada.
El activismo reivindicativo y pacífico de organizaciones como Greenpeace forma parte de la normalidad ciudadana del siglo XXI. Ponen el acento y la atención allí donde a veces los demás no hemos sabido ver o no hemos podido. Forman parte indispensable ya del engranaje de la construcción cívica de nuestro sistema y debemos entenderlo como tal.
Desde aquí le envío a la familia de Greenpeace España y especialmente a Juan López de Uralde mi más sincera bienvenida a casa, esperando que al menos esta dura experiencia haya servido para recordarnos a todos y todas que queda mucho por hacer en la lucha contra el cambio climático y que, aunque la Cumbre de Copenhague resultó algo decepcionante para la mayoría de nosotros y nosotras, la debemos tomar como el punto de partida y no dar ni un paso atrás en este trabajo.
Un largo camino cuyo destino se llama justicia social

Hace cinco años que algunos imaginamos que la política de cooperación para el desarrollo fuera una política de estado. Imaginamos que formara parte de la agenda política de un gobierno con una mirada distinta hacia los problemas del sur, que abordara las relaciones internacionales desde el dialogo y la voluntad de entendimiento, pero sobre todo con la humildad del que quiere cooperar y lo hace con la mano tendida.
Los ciudadanos nos dieron su confianza para que la política de cooperación fuera más eficaz, incrementando nuestra ayuda y mejorando la calidad de la misma. Y nos pusimos a trabajar, contando con todos y con todas.
En octubre de 2007 nos dimos cita para compartir que “estábamos en el camino”, y para analizar los retos que teníamos que afrontar “sin dejar de caminar.
Un encuentro cuyas ponencias y conclusiones se recogen en este libro que el martes tuve el honor de presentar en la Casa Encendida y que hoy os quiero recomendar.
Recoge el compromiso de todos aquellos y aquellas que nos dimos cita en aquel espacio de reflexión e intercambio. Un espacio plural, que contó con la participación activa de las ONGD,s y los altos cargos de la banca, de los representantes de todos los partidos políticos y de las distintas administraciones, desde la confederación de religiosos hasta las organizaciones de comercio justo o feministas…
En definitiva, un encuentro que nos sirvió para marcar la hoja de ruta que nos permitiera responder a lo que hoy nos exige la sociedad española: cómo lograr seguir avanzando en nuestro compromiso por un mundo más justo y cómo ser más eficaces en nuestra lucha contra la pobreza.
Estos cinco últimos años hemos logrado, gracias al esfuerzo de todos los agentes de la cooperación española, los mayores avances de nuestra todavía breve historia en la cooperación internacional. Unos avances que lejos de complacernos, deben ser nuestro punto de apoyo para imaginar los próximos pasos en camino hacia un mundo global en el que nos hagamos cargo de la suerte de los demás, y en el que el lugar de nacimiento no siga siendo el origen de una desigualdad que determine nuestro destino.
También hemos aprendido de los errores del pasado y hoy queremos ser socios de los países con los que cooperamos y respaldar aquellas soluciones y propuestas que sus hombres y mujeres desarrollen o propongan. Sabemos, por ejemplo, que si volvemos a excluir a las mujeres y a los países del sur de las grandes decisiones, nos volveremos a equivocar.
Pero lo importante es que todos los que entonces nos comprometimos, y todos aquellos que se han incorporado en el trayecto, estoy convencida, que seguimos con ese mismo reto en nuestras conciencias.
Algunos quieren aprovechar la difícil coyuntura económica para sembrar la demagogia, intentando enfrentar los intereses de muchos ciudadanos de “los países ricos” que hoy lo están pasando mal y los ciudadanos de “los países del sur”. Esta es una pendiente tan peligrosa como equivocada, pues si algo hemos aprendido en esta crisis es que vivimos un mundo interdependiente, donde una crisis humanitaria acaba teniendo, consecuencias dramáticas allí y serias repercusiones aquí. Un mundo que ante la crisis exige más políticas sociales aquí, y más cooperación al desarrollo para avanzar hacia la justicia social allí.
Siempre hemos querido poner voz a las reivindicaciones de aquellos que nunca estaban invitados a la mesa de las grandes decisiones, y el reto hoy es que estas voces se incorporen en primera persona a los foros donde debemos diseñar un nuevo modelo económico y financiero a escala internacional.
A veces el ruido mediático implica que la agenda de la cooperación ocupe menos espacio en los medios, parece que nuestra voz se escucha menos, pero la historia reciente ha demostrado que teníamos razón en nuestras denuncias y por eso tenemos hoy autoridad y más credibilidad en nuestras propuestas. Algo que debe servir para que el compromiso y la ilusión que nos empuja no desfallezcan, porque nuestro empeño es hoy más necesario que nunca.
P.D. Esta semana también conocimos la muerte del maestro Francisco Ayala que, afortunadamente para todos nosotros y nosotras, nos deja tras su dilatada peripecia vital, el legado de más de un siglo de lucidez, curiosidad, compromiso, inteligencia, sensibilidad, ética y dignidad. Todo un referente para la España democrática de hoy, hija de intelectuales como Ayala, un privilegiado testigo del siglo XX cuyas palabras nos ayudarán a comprender mejor este siglo XXI. Muchas gracias, Francisco.
El sueño olímpico
Río de Janeiro será finalmente, la ciudad que organizará los Juegos Olímpicos en el año 2016.
Ayer, conseguimos llegar a la final y, aunque no es el resultado
esperado, podemos sentirnos orgullosos del proyecto que presentábamos y del trabajo realizado.
Nuestra candidatura tenía lo mejor del sueño olímpico, la deportividad y el sentimiento de equipo. Todas las administraciones han trabajado unidas durante este tiempo, ofreciendo lo mejor de ellas mismas al gran objetivo común de lograr ser sede olímpica, pero sin dejar de respetar y reconocer desde el inicio las fortalezas de las otras candidaturas con las que competíamos: Chicago, Tokio y la ganadora, Río de Janeiro.
Sin duda, uno de los mejores ingredientes del proyecto de Madrid, del proyecto español, ha sido que ha contado siempre con la mejor afición posible. La ciudadanía, volcada con el sueño olímpico ha palpitado al ritmo de nuestra corazonada. Todos juntos, movidos por la ilusión de ver a nuestros grandes deportistas compitiendo en casa por el oro olímpico.
El deporte español está demostrando día tras día que cuenta con los
ingredientes necesarios para seguir obteniendo tantos éxitos como
hasta ahora: trabajo en equipo, espíritu de superación y la solidaridad y tolerancia propias de un país que se ha hecho a sí mismo. Las que nos permiten comprender hoy, que las lágrimas que vimos ayer en los ojos del Presidente de Brasil, Lula da Silva, eran fruto de las esperanzas y sueños de todo un país, que vio ayer cómo conseguían, por primera vez, proyectarse como líderes ante el mundo, tras un largo camino repleto de complicaciones hasta alcanzar el éxito.
Comprendemos su ilusión porque es la misma que nuestro país ha experimentado a lo largo de estos 30 años de construcción democrática, en los que hemos logrado alcanzar a nuestros países vecinos en cotas de bienestar y desarrollo económico.
Es la primera vez que unos Juegos Olímpicos se celebran en Sudamérica. Una oportunidad añadida de desarrollo para un país que lleva años esforzándose por alcanzar el sueño de la igualdad de oportunidades, un desarrollo justo e igualitario y unos servicios ciudadanos dignos para la población.
Sí, fue una tarde triste para nosotros, pero una vez pasado el primer momento, nos alegramos por un país que lucha por salir adelante, que trabaja, como lo hicimos los españoles, por alcanzar el Estado del Bienestar. Enhorabuena a ellos y para nuestra delegación que ha realizado un gran trabajo.
Con independencia del resultado y de la decisión de futuro que se tome, no podemos renunciar a ese sueño y a ese espíritu que hemos vivido y compartido este tiempo.
Una respuesta global a los retos del presente
En estos días se está celebrando la Asamblea General de las Naciones Unidas. Un espacio de debate y construcción del orden social y democrático del mundo que nos ha tocado vivir. Un lugar en el que los Presidentes de los Estados miembros aportan sus miradas sobre el presente y futuro. Un espacio en el que tuve la oportunidad de aprender muchas cosas como Secretaria de Estado, una de las experiencias que nunca podré olvidar. Un lugar en el que hace tan sólo cinco años, nuestro Presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, se ganó el respeto de muchos ciudadanos y ciudadanas que siguieron con expectación el discurso que pronunció aquél día . Lo recuerdo como si fuera ayer, una intervención que hablaba sobre las personas, la diversidad, la riqueza de conocer diferentes culturas y poder compartirlas, hablaba de diálogo y cooperación. Proponía una Alianza de Civilizaciones, un nuevo orden mundial basado en el consenso y el entendimiento entre diferentes. Un proyecto que fue aprobado y cuyo desarrollo ya está en marcha. Algunos en España lo tildaron “de redacción de patio de colegio”, pero lo cierto es que hoy ya no es una idea de España y Turquía, sino de Naciones Unidas, a la que se sumaron después muchos países.
Pero aquel día, también propusimos canjear deuda externa por proyectos sociales, y lo pusimos en marcha después en muchos países de América Latina, donde el dinero que empleaban para pagar la deuda contraída con España, se invierte hoy, en decenas de proyectos sobre educación, medio ambiente y políticas sociales. Y al año siguiente, propusimos sumarnos a la iniciativa rápida de vacunación para todos, que ha permitido a España contribuir a la vacunación de millones de niños, especialmente en África.
Rescato esta última foto con Koffi Annan y Kemal Darvis el día en que España creó, junto al sistema de desarrollo de Naciones Unidas, un programa de más de 500 millones de dólares para contribuir al cumplimento de los Objetivos del Milenio. Aprovecho esta reflexión para darle las gracias a David Vegara, entonces Secretario de Estado de Economía, quién fue fundamental en el impulso de ese fondo.
Siempre he creído que la voluntad política se demuestra con hechos, y las palabras que allí sonaron por parte de España, año tras año se han convertido en realidades que hoy nos reconocen muchos países, el informe periódico del la OCDE, o del PNUD y todas las agencias de las Naciones Unidas cuando volvemos a Nueva York, el liderazgo en las políticas de igualdad, el mayor esfuerzo entre todos los países en aumentar la ayuda al desarrollo de un año a otro, el compromiso con el multilateralismo y una forma entender el mundo desde el respeto entre iguales….
Siempre he pensado que la reforma de la ONU para hacerla más eficaz es absolutamente necesaria, pero al mismo tiempo, pienso que si no existiera, habría que inventarla, no podríamos entender la resolución de los problemas del mundo sin ella.
No cabe ninguna duda que estos días, este gran proyecto se ha visto reforzado. El nuevo Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, pronunció el pasado miércoles su primer discurso en la Asamblea General de Naciones Unidas y he de decir que me hizo recordar las sensaciones de aquél día. No seré yo en esta ocasión quién ponga calificativo al discurso de Obama, ya lo han interpretado los periódicos de tirada nacional del país, que titulaban, “una nueva era”. Y no es de extrañar que así lo expliquen, pues es extraordinario que el Presidente de los Estados Unidos proclame “el fin del unilateralismo y el comienzo de un nuevo capítulo de cooperación internacional”.
“Es el momento de que cada uno asuma su parte de responsabilidad para una respuesta global a los problemas globales”; “un futuro de paz y prosperidad sólo será posible si reconocemos que todas las naciones tienen derechos, pero también tienen responsabilidades”. Son sólo algunos extractos de su discurso, pero os puedo asegurar que es muy diferente a otros que allí escuché en representación de su país, en su día. Lo que demuestra que la fuerza de los votos cambian las políticas y que merece la pena pelear por la agenda por la que mucha gente lleva años peleando.
Por sus circunstancias históricas, España llegó tarde a la constitución de la ONU, pero no estoy siendo voluntariosa ni exagerada si os aseguro el respeto como país que ahora allí se nos tiene. Y por cierto, en el mismo país, en EEUU, estos días se celebra otra cumbre multilateral, el G-20 y esta vez sí, asistimos a tiempo, por méritos propios.
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