Ninguna ser menos que yo

 

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Un peaje financiero

Miércoles, Abril 28th, 2010

¿Cuánto nos está costando esta crisis? Es una pregunta que es importante que nos hagamos. En España no hemos tenido que aportar dinero, dinero de los contribuyentes, a fondo perdido a ningún banco como sí han tenido que hacer otros países en Europa y en el mundo pero sí nos hemos visto afectados fuertemente por sus consecuencias. Se calcula que para finales de 2011 esta crisis habrá costado tres billones de euros, en forma de deuda pública, a la Unión Europea en su conjunto. Es decir, unos 6.000 euros por persona. Miles de pequeñas y medianas empresas, el tejido económico de nuestro país, no han podido resistir la crisis de liquidez que la crisis financiera provocó. Y no podemos olvidar que esta crisis ha provocado que sean ya 7 millones de europeos y europeas los que hayan perdido su trabajo cebándose especialmente en nuestro país con los trabajadores de la construcción.

¿Podemos permanecer callados ante esta realidad? ¿Debemos seguir reverenciando los intereses del neoliberalismo económico que nos trajo hasta aquí? Creo que no. No podemos olvidar, no debemos, que esta crisis tuvo su origen en la codicia de unos pocos que defendían un mercado libre, poco o nada regulado y sin mecanismos de transparencia y control. De aquellos mismos que jugaban a enriquecerse en el casino de la especulación financiera con los ahorros de todos sin compartir sus ganancias con nadie. Este debate no es nuevo. Tampoco lo es para los socialistas. Recuerdo bien el debate de marzo de 2002 cuando personalmente defendía en el Congreso de los Diputados una iniciativa previa a la Conferencia internacional de financiación para el desarrollo que organizada por las Naciones Unidas junto con el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, contemplase la puesta en marcha de instrumentos que favoreciesen una nueva arquitectura financiera internacional, para que las potencialidades de la economía globalizada puedan ser puestas al servicio de una prosperidad generalizada y una reducción de las desigualdades, así como la posibilidad de establecer imposiciones sobre los movimientos especulativos de capital. Hace ocho años de este debate en el Congreso de los Diputados. No nos callamos entonces y no debemos hacerlo ahora.

Siempre he dicho y he defendido que el mayor riesgo de esta crisis económica es que pase sin que se hayan tomado las medidas necesarias para evitar que vuelva a producirse. Por ese motivo, hace un año insistía, insistíamos desde el partido, en la necesidad de la “demolición controlada” de los paraísos fiscales. Llegó la cumbre del G20 en el Reino Unido y la cuestión de los paraísos fiscales comenzó a ser abordada. Gracias a esta cumbre se dieron pasos muy significativos hacia su control y eliminación pero todavía queda camino por recorrer. Ahora, en poco más de dos meses, se va a celebrar una nueva cumbre del G20. Esta vez en Canadá. Y en esta ocasión debemos tratar sin demora dos cuestiones fundamentales: cómo vamos a incorporar a la solución de esta crisis a quienes la provocaron y qué mecanismos vamos a establecer para evitar la especulación financiera.

El pasado otoño, los líderes del G20 anticiparon la cuestión pidiéndole al Fondo Monetario Internacional que formulara una propuesta acerca de “cómo el sector financiero podría realizar una contribución justa y sustancial” a la carga que las operaciones de rescate y las consecuencias de sus acciones han impuesto sobre ciudadanos y ciudadanas de todo el mundo.

Una de las soluciones estudiadas por el FMI es lo que podríamos llamar el “Peaje Financiero”. Una herramienta que merece ser estudiada no sólo para que el sector financiero asuma la responsabilidad que le corresponde sino también para limitar la especulación y avanzar hacia sistema financiero más justo y sostenible.

¿En qué consistiría este Peaje Financiero? Establecer un Peaje del 0,05% sobre todos los productos financieros podría generar 1 billón de euros cada año. Una cantidad que podría destinarse a hacer frente a los objetivos de la lucha contra el cambio climático y de erradicación de la pobreza extrema. Una cantidad que también permitiría ayudar a nuestras economías a recuperarse de la crisis, generar recursos con los que realizar inversiones y crear nuevos empleos. Recursos destinados a la investigación, al desarrollo y la innovación; a la producción y extensión de energías limpias, a fomentar la sociedad de la información y del conocimiento, a explorar las rutas económicas que nuevos canales como internet aguardan a los países que estén dispuestos a navegarlas.

Debatir sobre esta cuestión es oportuno. En Estados Unidos no sólo hay un debate sino una reforma de su sistema financiero bajo la idea de que mantener las mismas reglas hace el sistema vulnerable. Es positivo iniciar un debate que encuentre las mejores maneras de hacer un poco más difícil las operaciones especulativas que no generan ningún valor social y por el contrario incentivar las dirigidas hacia la inversión productiva. Impulsar un Peaje Financiero a escala global no solamente es posible sino que es necesario.

Haití, sí puede.

Lunes, Febrero 22nd, 2010

Ha pasado más de un mes desde que un terremoto arrasara Haití, llevándose por delante miles de vidas y dejando un país al borde de la desaparición. No podemos dejar que desaparezca la atención sobre este punto del planeta, y creo que, como contamos Elena Valenciano y yo en un artículo publicado hoy en El País, conviene alzar la voz antes de que sea tarde.

Os dejo el enlace por si os interesa leerlo, os lo recomiendo.

Centenario de la Agrupación del PSOE de París

Jueves, Febrero 11th, 2010

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El sábado pasado tuve la gran oportunidad de compartir con los compañeros y compañeras de la Agrupación socialista de París, un acto muy emotivo, la conmemoración de 100 años de compromiso y militancia, 100 años de dignificación de los valores y principios progresistas en y desde París.

El acto se celebró en la sede del Partido Socialista Francés, donde socialistas franceses y españoles compartimos un tiempo de recuerdo, de reconocimiento y también de gratitud. Reconocimiento a las generaciones de compañeros y compañeras que mucho antes que la mía, lo arriesgaron todo para poder seguir defendiendo sus ideas, nuestras ideas. Generaciones de socialistas que obligados al exilio, encontraron en París un espacio donde seguir luchando por aquello en lo que creían, luchando por un país que es el que hoy disfrutamos.

Pertenezco a una generación que nació en Democracia, gracias en buena parte a su trabajo y generosidad. Una generación distinta sí, pero íntimamente relacionada con las que desarrollaron en París su militancia. Me siento representada en ellos, tengo la fortuna de poder mirarme en ellos para saber quién soy.

Nuestra deuda como país para con todos ellos jamás podrá ser saldada, pero sí podemos reconocerles su labor con gestos tan sencillos como devolverles lo que jamás debieron perder: la nacionalidad del país por el que tuvieron que exilarse. Ese fue uno de nuestros compromisos: devolver a muchas familias su propia identidad, sus raíces. Hace sólo unos días, el pasado 22 de enero, el Gobierno amplió el plazo un año más para que los hijos e hijas de estos luchadores, como lo fueron muchos de los militantes de la agrupación de París, puedan solicitar la nacionalidad española. También los nietos, una generación obligada al desarraigo por el exilio, con los que también estábamos en deuda.

Al hacerlo, nuestro país crece en democracia, madura nuestra conciencia social y descansan nuestros mayores con la paz y la tranquilidad de ver a su país avanzar con paso firme por la senda por la que tanto trabajaron.

España es un país de emigrantes e inmigrantes. Los socialistas sabemos bien qué significa tener que abandonar tu tierra, tus raíces y trabajar duro cada día por salir adelante. Es por eso que seguiremos trabajando cada día para que nada ni nadie interfiera en un pacto de convivencia que ha costado mucho tiempo y esfuerzo alcanzar en España. Un pacto que merece la pena.

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Un espacio para una acción exterior de la ciudadanía y para la ciudadanía

Jueves, Enero 28th, 2010

Con motivo del acto que hemos celebrado ayer por la tarde, importante para muchas personas, entre las que me incluyo, recuerdo con especial ilusión el día en el que el Presidente Zapatero anunció en Alicante, el compromiso con mi provincia para poner en marcha la sede principal de la Casa del Mediterráneo Lamentablemente, también recuerdo algunas desafortunadas declaraciones al respecto procedentes de ciertos representantes políticos pero, afortunadamente, la alegría de este acto hace que caigan en el olvido.

Han hecho falta algunos meses, mucho esfuerzo y también superar algunos obstáculos para que la Casa del Mediterráneo no sea sólo un proyecto del futuro, sino que es ya una realidad del presente.

Cada día supone un paso adelante. Cada día supone una pieza más, integrada en un proyecto que algunos y algunas teníamos en la cabeza desde hace tiempo, pero que gracias al esfuerzo de muchas personas se va convirtiendo en una realidad que crece a buen rimo, para beneficio de alicantinos y alicantinas. Se trata de un proyecto que reside en Alicante, Xabia y Benidorm, pero que pertenece a toda la Comunitat Valenciana y que yo tuve el privilegio de de diseñar, planificar y dirigir.
Casa Mediterráneo representa una forma de hacer política. La política de cumplir con la palabra dada y la política de sumar esfuerzos de diferentes Administraciones, dejando de lado las diferencias partidarias.

Este proyecto pretende hacer de la provincia de Alicante un centro donde tengan cabida iniciativas culturales, políticas, sociales y económicas que se producen y suceden en ese mar que tanto nos une y que también nos define. Un mar que baña tres continentes, 450 millones de personas, de 22 países. Se trata de ir sumando cada día a las Universidades, empresarios, agentes sociales, etc., demostrando que la provincia de Alicante y la Comunitat Valenciana estarán a la altura de este reto internacional.

Me viene a la cabeza una idea que el Ministro Moratinos ha defendido siempre de manera incesante: llevar a cabo una acción exterior de la ciudadanía y para la ciudadanía. Casa Mediterráneo supone el respaldo hacia esa sociedad civil, cada día más global, cada día más participativa, pero al mismo tiempo más comprometida y exigente con la realidad que está más allá de sus fronteras. Mi enhorabuena y agradecimiento a todos y todas los que a diario hacen y harán posible este proyecto.