Blog de Leire Pajín

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Sobre mí cerrar ventana

Ministra de Sanidad, Politica Social e Igualdad desde Octubre de 2010, fui Senadora por las Cortes Valencianas de noviembre de 2009 a Junio de 2011.

Secretaria de Organización en el 37 Congreso del PSOE entre Julio de 2008 y Octubre de 2010 y secretaria de Estado de Cooperación Internacional del Gobierno de España de 2004 a 2008.

Nací en San Sebastián en 1976 y crecí en Benidorm. Compaginé los estudios de Sociología en la Universidad de Alicante (UA) con distintas actividades culturales y deportivas.

Cofundadora de la Asociación Estudiantil Campus Jove, de la que fui presidenta, participé activamente en la vida universitaria. Fui miembro del Claustro y de la Junta de la Facultad de Económicas y Sociología de la Universidad de Alicante (1995-1999). Ejercí el cargo de Presidenta de la ONG Solidaridad Internacional y he sido miembro de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui en Alicante. Además de haber sido Secretaria Federal de Movimientos Sociales del PSOE, fui la parlamentaria más joven de la historia de la Democracia Española en la legislatura 2000-2004.

Candidata número 2 del PSPV-PSOE por Alicante en las elecciones generales de Marzo 2008 y actualmente candidata número 1 del PSPV-PSOE por Alicante en las Elecciones Generales de Noviembre de 2011.

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18 junio, 2010

El Peaje Financiero se presentará en el G20


Como muchos de vosotros y vosotras sabéis, el pasado miércoles defendimos desde el Grupo Socialista en el Senado una moción que hablaba sobre la necesidad de adoptar medidas concretas para afianzar la recuperación económica y conseguir una reforma del sistema financiero internacional. Defendimos, concretamente, solicitar al Gobierno la defensa firme de la implantación de un Peaje Financiero en la próxima reunión del G-20, que se celebrará este mes en Canadá. Una pequeña tasa sobre todas las transacciones financieras, para recaudar fondos que nos ayuden a sobrellevar las injustas cargas que la crisis ha impuesto sobre empresas y ciudadanos, pero también, una forma de reducir la especulación financiera y que los flujos de capital se dirijan hacia aquello que realmente necesitamos: inversiones productivas y generadoras de empleo.

Pues bien, ayer los líderes europeos reunidos en Bruselas acordaron proponer formalmente al G20 de Toronto la adopción de una tasa sobre las transacciones financieras. Pero no solo eso, aprobaron también una tasa a los bancos. Ambas cosas, la tasa sobre las transacciones financieras y la tasa sobre los bancos aparece hoy en los principales periódicos de nuestro país. Dos noticias que, como no puede ser de otra manera son buenas para todos los que la semana pasada votamos a favor del Peaje Financiero en el Senado. Una buena noticia para todos los que venimos defendiendo reformas profundas del sistema, porque si algo hemos aprendido en este tiempo, es que ya nada volverá a ser igual.

El País, titula hoy “Nueva tasa a la banca y a las transacciones financieras” y subraya en el subtítulo que los líderes llevarán la propuesta al G20. Señala también que se ha logrado un acuerdo para sancionar a quienes no reduzcan el déficit, tal y como propuso el Presidente Zapatero al inicio de la presidencia española de la Unión Europea. El diario El Mundo también recoge la noticia y añade que, como proponía nuestro Gobierno, se ha logrado un acuerdo para que se publiquen las pruebas de solvencia de los bancos y desterrar así los rumores malintencionados sobre nuestra solvencia. Y el diario Público, que también recoge la noticia, recalca que la tasa bancaria será aprobada en Europa tanto si la Unión Europea consigue convencer al resto de miembros del G20, como si no.

En definitiva, me siento satisfecha por el hecho de que los líderes europeos, progresistas y conservadores, compartan una misma visión: trabajar para acabar con las especulaciones financieras y apostar porque los flujos de capital se destinen a inversiones productivas y que generen además nuevos puestos de trabajo. Con acuerdos de este tipo afianzamos la recuperación económica y establecemos las bases de un sistema financiero internacional más transparente, más fiable y más justo.

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11 junio, 2010

Un peaje financiero


Esta semana defendí en el Senado la necesidad de implantar un Peaje Financiero sobre las transacciones financieras especulativas. El objetivo es que quienes provocaron esta crisis contribuyan con una aportación justa y razonable a las cargas que los países, las empresas y los ciudadanos estamos teniendo que soportar.

Una medida difícil, sí, pero no utópica como algunos se empeñan en repetir. También nos llamaban utópicos a los que defendimos el Tribunal Penal Internacional, y lo conseguimos. Y a quienes creímos en una UE fuerte y en un Tratado para todos los países, y también lo conseguimos”.

Se trata de un instrumento que puede contribuir a que la especulación sea menos atractiva y se reduzcan de forma clara las operaciones que ponen en riesgo nuestras economías. Especular saldrá algo más caro y las inversiones productivas que realmente necesitamos serán, comparativamente, más baratas y más atractivas.

Después de mi intervención, la senadora del PP se subió a la tribuna agitando de nuevo “la amenaza” que la implantación de un Peaje Financiero supondría para la recuperación económica. Son argumentos que ya hemos escuchado millones de veces. Aclaremos un par de cosas:

  • Este peaje no afectaría a los ciudadanos. Sólo se aplicaría a los profesionales de las finanzas que realizan grandes operaciones con productos financieros y utilizan para ello mecanismos oscuros y sin reglas ni control.
  • Tampoco provocaría una “huida del crédito” como no paraba de decir ayer el PP. Ignoran, a conciencia, que en Europa y en otros países del mundo, ya existe la figura del Peaje Financiero y funciona con total normalidad. Dos ejemplos: el Reino Unido, donde comprar acciones cuesta un 0’5% desde 1694 (sí, desde hace más de tres siglos); y 10 de los 27 estados miembros de la UE tienen algún tipo de peaje financiero que funciona con normalidad.

Ahora, a pocos días de la reunión del G20 de Canadá, es necesario que seamos conscientes de que no podemos permitirnos el mayor riesgo que tiene esta crisis: no adoptar las medidas necesarias para que no vuelva a repetirse. Está en juego nuestra capacidad como gobiernos y como representantes políticos para responder a los especuladores y a los mercados sin reglas.

El Peaje Financiero es una de nuestras propuestas para poner coto a los especuladores. Una medida concreta que, entre otras, ayudará a conseguir esa reforma y, con ella, un sistema financiero dinámico, eficaz y responsable.

Tanto el Fondo Monetario Internacional como varios países de la Unión Europea defienden hoy este peaje, aunque hace unos años no fuera así. Los únicos que no se mueven un ápice son los representantes del PP, que representa a la derecha-derecha: el FMI y Angela Merkell les han pasado por la izquierda.

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07 junio, 2010

En el conflicto palestino-israelí no podremos construir nada sobre las cenizas, pero sí sobre el diálogo


La semana pasada tuve el gran privilegio de participar en unas jornadas que organizaba en el Senado la Comisión Internacional de Mujeres por una Paz Palestino-Israelí Justa y Sostenible, que trataban sobre la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU, que habla, entre otras cosas, de una mayor representación de mujeres en todos los niveles de toma de decisiones en la resolución de conflictos.

Nadie podría haber imaginado hace apenas unos días, los terribles acontecimientos que ocurrieron el lunes. Nadie pudo imaginar jamás que, cuando se reunieran mujeres palestinas e israelíes para hablar del proceso de paz y libertad en la zona, tendríamos que dedicar buena parte de la sesión a condenar rotundamente el paso atrás que se ha dado en lugar de avanzar en el camino recorrido.

La sacudida brutal de un nuevo ataque Israelí ha conmocionado a la comunidad internacional, desde luego así ha sido en la española. Todo por la sinrazón de un ataque perpetrado en aguas internacionales y dirigido a una flotilla de suministros y de ayuda humanitaria que se dirigía a Gaza.

En una solución política, pacífica y dialogada, el uso de la fuerza es absolutamente inútil y la lucha por la paz implica mucho más que la ausencia de la guerra, atañe a cuestiones de justicia y equidad que nos comprometen a todos y a todas. Sí se refiere a la necesidad de la gente, al acceso al agua, a la salud, a la educación a la sostenibilidad de los recursos naturales, pero también a la propiedad, al territorio y a la vivienda.

Quiero rescatar el mensaje del grupo de mayores que desde Johannesburgo, Mandela y todos los activistas, algunos de ellos premios Nobel de la Paz, nos han lanzado estos días, y es que este trágico e intolerable incidente debe urgirnos a poner fin de una vez por todas al bloqueo de Gaza, que dura ya demasiado tiempo y a dirigir la atención del mundo hacia el sufrimiento de miles de personas que viven encerradas en Gaza, la mitad de los cuales no se nos puede olvidar que son chicos y especialmente chicas menores de 18 años.

Tenemos que seguir avanzando mucho más en la apuesta por la paz duradera y justa entre sociedades y pueblos, como son el de Israel y el Palestino. El ataque del ejército de Israel, permitido y amparado, desgraciadamente, demuestra cómo se puede trabajar en contra de la paz en la región. Y, por el contrario, en las jornadas de la Comisión Internacional de Mujeres por una Paz Palestino-Israelí Justa y Sostenible, mujeres de Israel y Palestina fueron capaces de sentarse juntas, de discutir, de dialogar, y lo más importante, de acordar. Y lo hicieron alcanzando una resolución que han sido incapaces, todavía a estas horas, de acordar otras comisiones internacionales, y eso le da un enorme valor.

No podemos permitir que el ataque brutal del pasado lunes nos haga caer en el desaliento o en la desesperanza. Sé que supone una violación gravísima del derecho internacional, sé que además, seguramente, no ha representado a una parte fundamental de sus sociedades. Y aunque el ataque es un atentado contra las conversaciones de paz y un acto brutal que arrasa con los esfuerzos de los últimos meses, aunque, como digo, es una barbaridad que aísla seguramente más el conflicto nuestra voluntad política de seguir tejiendo redes y nuestra voluntad política de ser capaces de sacar acuerdos comunes, para mí es un hilo de esperanza al que yo me quiero aferrar.

La paz y la estabilidad en la región están en serio riesgo. Cuando las conversaciones de paz se paran la paz se aleja. Está claro que dentro de Israel una parte no quieren que el proceso avance. Una parte del Gobierno pero también una parte de la sociedad. Sea como sea nuestra condena más absoluta a lo sucedido, y sea como sea seguiremos exigiendo que se levante el bloqueo a Gaza. Mientras lo hacemos seguiremos trabajando para que no se rompan las conversaciones y las negociaciones entre palestinos e israelíes.

Tenemos que preguntarnos una vez más qué seguridad y qué paz se quiere sobre una Gaza destrozada y sobre ocupaciones ilegales en territorios Palestinos. Sobre las cenizas no se puede construir nada, pero sí sobre el diálogo, sí sobre la alianza fuerte entre mujeres, sí sobre la lección que nos da la sociedad civil una y otra vez cuando la comunidad internacional no está a la altura. Sí sobre la alianza de mujeres de unos países y otros que, por encima de todo, quieren ver a sus sociedades en paz.

En estos días donde la desesperanza azota nuestras sociedades tenemos que seguir alzando la voz, no para gritar, sino para decir una vez más que estamos aquí y que estaremos a la altura.

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28 abril, 2010

Un peaje financiero


¿Cuánto nos está costando esta crisis? Es una pregunta que es importante que nos hagamos. En España no hemos tenido que aportar dinero, dinero de los contribuyentes, a fondo perdido a ningún banco como sí han tenido que hacer otros países en Europa y en el mundo pero sí nos hemos visto afectados fuertemente por sus consecuencias. Se calcula que para finales de 2011 esta crisis habrá costado tres billones de euros, en forma de deuda pública, a la Unión Europea en su conjunto. Es decir, unos 6.000 euros por persona. Miles de pequeñas y medianas empresas, el tejido económico de nuestro país, no han podido resistir la crisis de liquidez que la crisis financiera provocó. Y no podemos olvidar que esta crisis ha provocado que sean ya 7 millones de europeos y europeas los que hayan perdido su trabajo cebándose especialmente en nuestro país con los trabajadores de la construcción.

¿Podemos permanecer callados ante esta realidad? ¿Debemos seguir reverenciando los intereses del neoliberalismo económico que nos trajo hasta aquí? Creo que no. No podemos olvidar, no debemos, que esta crisis tuvo su origen en la codicia de unos pocos que defendían un mercado libre, poco o nada regulado y sin mecanismos de transparencia y control. De aquellos mismos que jugaban a enriquecerse en el casino de la especulación financiera con los ahorros de todos sin compartir sus ganancias con nadie. Este debate no es nuevo. Tampoco lo es para los socialistas. Recuerdo bien el debate de marzo de 2002 cuando personalmente defendía en el Congreso de los Diputados una iniciativa previa a la Conferencia internacional de financiación para el desarrollo que organizada por las Naciones Unidas junto con el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, contemplase la puesta en marcha de instrumentos que favoreciesen una nueva arquitectura financiera internacional, para que las potencialidades de la economía globalizada puedan ser puestas al servicio de una prosperidad generalizada y una reducción de las desigualdades, así como la posibilidad de establecer imposiciones sobre los movimientos especulativos de capital. Hace ocho años de este debate en el Congreso de los Diputados. No nos callamos entonces y no debemos hacerlo ahora.

Siempre he dicho y he defendido que el mayor riesgo de esta crisis económica es que pase sin que se hayan tomado las medidas necesarias para evitar que vuelva a producirse. Por ese motivo, hace un año insistía, insistíamos desde el partido, en la necesidad de la “demolición controlada” de los paraísos fiscales. Llegó la cumbre del G20 en el Reino Unido y la cuestión de los paraísos fiscales comenzó a ser abordada. Gracias a esta cumbre se dieron pasos muy significativos hacia su control y eliminación pero todavía queda camino por recorrer. Ahora, en poco más de dos meses, se va a celebrar una nueva cumbre del G20. Esta vez en Canadá. Y en esta ocasión debemos tratar sin demora dos cuestiones fundamentales: cómo vamos a incorporar a la solución de esta crisis a quienes la provocaron y qué mecanismos vamos a establecer para evitar la especulación financiera.

El pasado otoño, los líderes del G20 anticiparon la cuestión pidiéndole al Fondo Monetario Internacional que formulara una propuesta acerca de “cómo el sector financiero podría realizar una contribución justa y sustancial” a la carga que las operaciones de rescate y las consecuencias de sus acciones han impuesto sobre ciudadanos y ciudadanas de todo el mundo.

Una de las soluciones estudiadas por el FMI es lo que podríamos llamar el “Peaje Financiero”. Una herramienta que merece ser estudiada no sólo para que el sector financiero asuma la responsabilidad que le corresponde sino también para limitar la especulación y avanzar hacia sistema financiero más justo y sostenible.

¿En qué consistiría este Peaje Financiero? Establecer un Peaje del 0,05% sobre todos los productos financieros podría generar 1 billón de euros cada año. Una cantidad que podría destinarse a hacer frente a los objetivos de la lucha contra el cambio climático y de erradicación de la pobreza extrema. Una cantidad que también permitiría ayudar a nuestras economías a recuperarse de la crisis, generar recursos con los que realizar inversiones y crear nuevos empleos. Recursos destinados a la investigación, al desarrollo y la innovación; a la producción y extensión de energías limpias, a fomentar la sociedad de la información y del conocimiento, a explorar las rutas económicas que nuevos canales como internet aguardan a los países que estén dispuestos a navegarlas.

Debatir sobre esta cuestión es oportuno. En Estados Unidos no sólo hay un debate sino una reforma de su sistema financiero bajo la idea de que mantener las mismas reglas hace el sistema vulnerable. Es positivo iniciar un debate que encuentre las mejores maneras de hacer un poco más difícil las operaciones especulativas que no generan ningún valor social y por el contrario incentivar las dirigidas hacia la inversión productiva. Impulsar un Peaje Financiero a escala global no solamente es posible sino que es necesario.

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