Día tras día se lanzan críticas, difamaciones e incluso insultos sobre el Ministerio de Igualdad y la titular de esta cartera, la Ministra Bibiana Aído y, sin embargo, creo que al hacerlo no piensan en el flaco favor que están haciendo con ello a la madurez de nuestra sociedad, a nuestra Democracia y como no, a los avances en la consecución de la igualdad real entre hombres y mujeres.
Nadie puede poner en duda que desde la llegada de Zapatero a la Moncloa, las políticas de igualdad pasaron a ocupar un lugar destacado en la agenda del Gobierno.
Han pasado sólo seis años. Seis años en los que se han aprobado leyes muy importantes que dieron respuesta a problemas que encontraron el silencio durante los ocho años del gobierno de Aznar.
No es casualidad que la ley contra la violencia de género fuera la primera ley propuesta por el gobierno socialista y aprobada por unanimidad en el parlamento.
Fue un compromiso directo y claro del presidente Zapatero durante su campaña electoral. Y con ello, quiso determinar una forma de entender las prioridades política.
Envió un mensaje claro, un mensaje inconfundible a la ciudadanía. Un principio al que se ha mantenido leal desde el primer día.
Ejemplo de esa voluntad inquebrantable son la ya mencionada ley contra la violencia de género y la ley de igualdad.
Con este marco jurídico nos hemos convertido en un referente en Europa y en el mundo.
Al revalidar la confianza ciudadana en el año 2008, el presidente Zapatero decide dar un salto cualitativo y crea el Ministerio de Igualdad por primera vez en nuestro país.
Y pone al frente a Bibiana Aído, una compañera con experiencia en la gestión y una defensora convencida de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.
Muchas cosas han pasado en estos últimos dos años. El desarrollo de la ley de igualdad ha traído ventajas tanto a mujeres como hombres, por ejemplo, el disfrute de un permiso de paternidad de 15 días a los nuevos padres, al que se han acogido el 80% de ellos.
Merecen también ser destacadas las políticas de conciliación, sobre todo la extensión de la red de escuelas infantiles de 0-3 o las medidas de inserción laboral que hoy se traducen en una tasa de ocupación femenina del 51%, que era del 39% hace sólo 5 años.
No creo que todo esto sea menor si además tenemos en cuenta que el Ministerio que ha puesto en marcha todas estas medidas representa el 0,029% de los Presupuestos Generales del Estado.
Lo que sí es llamativo es la campaña permanente de ataque y desprestigio que está sufriendo este Ministerio y su titular desde el primer día de su creación y nombramiento.
Sinceramente, es desproporcionado.
Se habla mucho de la “tiranía de lo inmediato”, aquella que hace que en ocasiones no realicemos determinadas reflexiones con algo más de tiempo y espacio que lo ocurrido en el preciso momento que vivimos. Éste es un buen ejemplo de ello.
¿Os imagináis que alguien convocara una manifestación en el pueblo de un ministro que nos metió en una guerra injusta e ilegal?
Es evidente a lo que me refiero, no?
Es sólo uno de los ejemplos del acoso al que se ha visto sometido el Ministerio de Igualdad.
Lo que cabe preguntarse es el verdadero objetivo de esta actitud irresponsable.
¿A quién se quiere atacar?
¿Quién gana con esto?
Lo que sí sé es quien pierde, perdemos todos y todas.
Las políticas de igualdad benefician a toda la sociedad, es un reto de país.






