El miércoles pasado, 24 de febrero, quedará para siempre grabado en mi memoria como uno de esos días para los cuales he estado trabajando toda mi vida en política, un día en el que tomó verdadero sentido nuestro esfuerzo y labor. Fue uno de esos días que quedará marcado en la historia de los avances en los derechos de las mujeres: se aprobó de forma definitiva la tan esperada Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo. Tuve el honor de poder defenderla en el Senado, de explicar los beneficios y avances de una ley que ha ido ganando apoyos a lo largo de este año y medio.
Esta Ley supone saldar una deuda pendiente con los derechos de las mujeres de nuestro país. Porque la Ley que teníamos hasta ahora fue la mejor ley en su momento, pero después de 25 años de aplicación ya no se ajustaba a la realidad. Teníamos una Ley que no protegía a las mujeres, que permitía que fueran señaladas y se hiciera pública su intimidad. Una Ley que mantenía el aborto como un delito penado con prisión salvo en los conocidos supuestos. Sólo por esto último y aunque ninguna mujer haya llegado a ir a la cárcel, por lo desproporcionado de la pena, era nuestra obligación cambiarla, tal y como recomendó Naciones Unidas en 1995 y como ya hicieron el resto de países de nuestro entorno.
Por eso, porque los socialistas siempre hemos sido los que hemos hecho avanzar a este país con las grandes transformaciones y ampliación de derechos, iniciamos un proceso de debate y reflexión para actualizarla. Contando con todas y todos, hemos logrado alcanzar un acuerdo, alejando diferencias ideológicas y programáticas. Por eso, el miércoles pasado aprobamos la mejor Ley posible.
Quiero dejar claro, al igual que lo hice en la defensa final de su aprobación en el Senado, que esta nueva Ley es absolutamente respetuosa con nuestro marco constitucional. La Ley no obliga a nadie a abortar.
Las palabras que definen esta nueva ley son pocas pero grandes: libertad, justicia, seguridad y equilibrio.
Ahora la autonomía y la libertad de las mujeres estarán garantizadas, al tiempo que no se descuida la protección de la vida prenatal. Es una Ley que respeta y reconoce los derechos fundamentales de las mujeres en el ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos.
Sabemos que la decisión de interrumpir un embarazo es de las más difíciles a las que las mujeres nos podemos enfrentar, ninguna mujer debería llegar a ella, pero desgraciadamente ocurre.
Conscientes de la importancia de la prevención, una de las prioridades de esta Ley, se incluye un amplio capítulo de políticas públicas destinadas a la educación sexual y reproductiva, dirigidas especialmente a los adolescentes.
En definitiva, tenemos el mejor texto que hemos conseguido gracias al esfuerzo de todos y estoy segura de que el reflejo en su aplicación nos devolverá una imagen de una sociedad más madura, más segura y más justa.
Por si os interesa, os dejo el video de la intervención completa que realicé en el Senado.




