Una respuesta equivocada a los problemas: saltarse la barrera del sentido común
Lo que está ocurriendo estos días en nuestro país es lamentable e inadmisible. Llevamos un año afrontando una crisis económica como no habíamos conocido, todos los países trabajando codo con codo por salir adelante, todos los partidos políticos de cada país, en mayor o menor medida, arrimando el hombro, y en España, el principal partido de la oposición, el PP, cruza la raya del sentido común. Tras doce meses de brazos cruzados ante la crisis y de una actividad frenética para descalificarse entre ellos, lanzarse acusaciones, denunciarse en los juzgados unos a otros, supuestos casos de espionaje y corrupción,… en esta semana se les ocurre como respuesta a sus problemas abandonarse y perder el escaso sentido de la responsabilidad política que les quedaba. Es muy grave y no es bueno para nadie.
Cada día que pasa hay un dirigente del PP que pasa la raya del sentido común. Primero fue Camps, el presidente de todos los valencianos y valencianas ha pasado la raya que jamás se puede pasar en política, en sede parlamentaria ante una pregunta de nuestro portavoz parlamentario, lo calificó de asesino. Hace tiempo que había perdido la razón y las razones para seguir al frente del Gobierno. Con esto, esta semana ha perdido además el juicio. Fue curiosa su forma de rectificar, pidiendo perdón, pero intentando hacer ver que todos los políticos somos iguales y decimos las mismas cosas. Los valencianos y valencianas no merecen un presidente del Gobierno que es un peligro para su convivencia.
Pero no ha quedado todo ahí, porque después fue Aguirre, con sus críticas sobre la gestión del secuestro del pesquero Alakrana, un tema muy delicado que exige del esfuerzo y respeto de todos. Tres días han tardado los dirigentes del PP en incumplir su compromiso de responsabilidad y de arrimar el hombro para que los pescadores que están en Somalia vuelvan cuanto antes a casa. No sé si hoy la señora Aguirre iba con zapato plano o con tacón lo que sí se es que precisamente Aguirre y Camps deberían ser muy prudentes porque, hasta donde todos sabemos en este país, una supuesta trama de corrupción que afecta a unos gobiernos y el único espionaje que se está investigando por un juez los tienen precisamente muy cerca Aguirre y Camps.
Es lamentable e increíble que el principal partido de la oposición haya decidido demoler la barrera del sentido común, cruzar la raya que nadie en política debe saltar, la del sentido común y la responsabilidad, la mínima cualidad para estar en política, porque la política no es eso, es un servicio ciudadano, un servicio público y no una piedra en el zapato de todos los españoles. Es incomprensible.
Mientras el Partido Popular decide estos días si vuelve a este lado, a trabajar desde la responsabilidad y la lealtad a los ciudadanos, que esperan mucho más de nosotros y nosotras que semejante espectáculo, los socialistas seguimos dedicando todos nuestros esfuerzos para salir de la crisis, para estar cerca de las personas que peor lo están pasando.
Esta semana, los socialistas seguimos recorriendo cada rincón del país para escuchar y explicar a los ciudadanos, para rendir cuentas sobre nuestra gestión. Estos días he compartido esta tarea con los compañeros de Almenara en Castellón, de Aragón, de Alcorcón en Madrid y ayer en Santander. Gracias a todos y todas.
La seguridad de los internautas está garantizada
Seguramente muchos ciudadanos han sentido la misma confusión al leer hoy las diferentes informaciones publicadas sobre los derechos de los internautas en la UE. Pero el miércoles fue un gran día para los internautas, es decir, para todos los ciudadanos y ciudadanas para los que Internet es una parte de nuestras vidas.
Una Comisión de Conciliación, formada por miembros del Parlamento Europeo y del Consejo, estuvo debatiendo hasta altas horas de la noche acerca de una enmienda que ha generado un fuerte debate en Internet. Se trata de la enmienda 138 del Paquete Telecom. Esta enmienda garantizaba que ningún usuario de Internet pudiera ver cortadas sus comunicaciones por Internet sin un “juicio previo por parte de una autoridad judicial”. Sin embargo esta enmienda sobrepasaba las competencias de la Unión Europea que no puede legislar sobre los sistemas judiciales de los países miembros. Era necesario encontrar una solución.
Y la encontraron. La Comisión de Conciliación consiguió rescatar el espíritu de la enmienda 138, tal y como estaban demandado cientos de miles de ciudadanos y ciudadanas preocupados por sus derechos. Se redactó un nuevo texto más garantista que el de la enmienda 138, más fuerte y más sólido que el anterior, y que, al mismo tiempo, respeta las competencias de los Estados.
Dicho esto, quiero recordar que los socialistas llevamos mucho tiempo defendiendo los derechos de los internautas en la Unión Europea. Lo demostramos, una vez más, el pasado mes de mayo en una votación en el Parlamento Europeo en la que dijimos “sí” en bloque, a la necesidad de intervención judicial para garantizar los derechos de los internautas. El Partido Popular, desafortunadamente para todos, no puede decir lo mismo: unos votaron a favor de defender los derechos de los ciudadanos, otros en contra e incluso alguno se abstuvo.
Quiero aprovechar para recordar que, frente a todo el ruido que pueda generarse en ocasiones, en el PSOE tenemos un firme compromiso no solo con los derechos de los internautas sino con otras cuestiones cruciales en el desarrollo de Internet. Pienso en el software libre, la neutralidad de la red, la accesibilidad, la lucha contra la brecha digital, el gobierno abierto y la innovación. Nos queda mucho, muchísimo, camino por recorrer pero tenemos un compromiso firme con el futuro. No puede ser de otra manera.
Un largo camino cuyo destino se llama justicia social

Hace cinco años que algunos imaginamos que la política de cooperación para el desarrollo fuera una política de estado. Imaginamos que formara parte de la agenda política de un gobierno con una mirada distinta hacia los problemas del sur, que abordara las relaciones internacionales desde el dialogo y la voluntad de entendimiento, pero sobre todo con la humildad del que quiere cooperar y lo hace con la mano tendida.
Los ciudadanos nos dieron su confianza para que la política de cooperación fuera más eficaz, incrementando nuestra ayuda y mejorando la calidad de la misma. Y nos pusimos a trabajar, contando con todos y con todas.
En octubre de 2007 nos dimos cita para compartir que “estábamos en el camino”, y para analizar los retos que teníamos que afrontar “sin dejar de caminar.
Un encuentro cuyas ponencias y conclusiones se recogen en este libro que el martes tuve el honor de presentar en la Casa Encendida y que hoy os quiero recomendar.
Recoge el compromiso de todos aquellos y aquellas que nos dimos cita en aquel espacio de reflexión e intercambio. Un espacio plural, que contó con la participación activa de las ONGD,s y los altos cargos de la banca, de los representantes de todos los partidos políticos y de las distintas administraciones, desde la confederación de religiosos hasta las organizaciones de comercio justo o feministas…
En definitiva, un encuentro que nos sirvió para marcar la hoja de ruta que nos permitiera responder a lo que hoy nos exige la sociedad española: cómo lograr seguir avanzando en nuestro compromiso por un mundo más justo y cómo ser más eficaces en nuestra lucha contra la pobreza.
Estos cinco últimos años hemos logrado, gracias al esfuerzo de todos los agentes de la cooperación española, los mayores avances de nuestra todavía breve historia en la cooperación internacional. Unos avances que lejos de complacernos, deben ser nuestro punto de apoyo para imaginar los próximos pasos en camino hacia un mundo global en el que nos hagamos cargo de la suerte de los demás, y en el que el lugar de nacimiento no siga siendo el origen de una desigualdad que determine nuestro destino.
También hemos aprendido de los errores del pasado y hoy queremos ser socios de los países con los que cooperamos y respaldar aquellas soluciones y propuestas que sus hombres y mujeres desarrollen o propongan. Sabemos, por ejemplo, que si volvemos a excluir a las mujeres y a los países del sur de las grandes decisiones, nos volveremos a equivocar.
Pero lo importante es que todos los que entonces nos comprometimos, y todos aquellos que se han incorporado en el trayecto, estoy convencida, que seguimos con ese mismo reto en nuestras conciencias.
Algunos quieren aprovechar la difícil coyuntura económica para sembrar la demagogia, intentando enfrentar los intereses de muchos ciudadanos de “los países ricos” que hoy lo están pasando mal y los ciudadanos de “los países del sur”. Esta es una pendiente tan peligrosa como equivocada, pues si algo hemos aprendido en esta crisis es que vivimos un mundo interdependiente, donde una crisis humanitaria acaba teniendo, consecuencias dramáticas allí y serias repercusiones aquí. Un mundo que ante la crisis exige más políticas sociales aquí, y más cooperación al desarrollo para avanzar hacia la justicia social allí.
Siempre hemos querido poner voz a las reivindicaciones de aquellos que nunca estaban invitados a la mesa de las grandes decisiones, y el reto hoy es que estas voces se incorporen en primera persona a los foros donde debemos diseñar un nuevo modelo económico y financiero a escala internacional.
A veces el ruido mediático implica que la agenda de la cooperación ocupe menos espacio en los medios, parece que nuestra voz se escucha menos, pero la historia reciente ha demostrado que teníamos razón en nuestras denuncias y por eso tenemos hoy autoridad y más credibilidad en nuestras propuestas. Algo que debe servir para que el compromiso y la ilusión que nos empuja no desfallezcan, porque nuestro empeño es hoy más necesario que nunca.
P.D. Esta semana también conocimos la muerte del maestro Francisco Ayala que, afortunadamente para todos nosotros y nosotras, nos deja tras su dilatada peripecia vital, el legado de más de un siglo de lucidez, curiosidad, compromiso, inteligencia, sensibilidad, ética y dignidad. Todo un referente para la España democrática de hoy, hija de intelectuales como Ayala, un privilegiado testigo del siglo XX cuyas palabras nos ayudarán a comprender mejor este siglo XXI. Muchas gracias, Francisco.
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