Nit de Foc
La pólvora es una seña de identidad de nuestra tierra y la disfrutamos en diferentes formas: las mascletás, los trabucos de las fiestas de moros y cristianos, la nit de l´Albà en Elx… etc. Pero cuando el ruido de los fuegos al estallar en el cielo se mezcla con la luminosidad del mar y el olor a la pólvora quemada, el espectáculo es sencillamente maravilloso.
Decenas de miles de personas se arriman a las playas de piedra de Altea para poder ver de cerca unos fuegos artificiales que nacen en el mar e iluminan el cielo. Sobre las 23:00h una ciudad paralela de lucecitas emerge en el mar. Son los barcos de la zona, que privilegiadamente disfrutan del espectáculo desde dentro.
Mi enhorabuena a la cofradía, al ayuntamiento y al pueblo de Altea por convertir los fuegos de l´Olla, un agosto más, en un acontecimiento del que presumir. Este año ni Eva Almunia, ni Jesús Caldera, ni Elena Valenciano, ni yo, nos los quisimos perder…
Una noche para la emoción y los sentimientos
Una vez más pudimos disfrutar de un magnífico concierto que alimenta el alma y los sentidos. Un pequeño oasis de música clásica, en medio de Madrid, para despertar nuestros sentidos y recrearse en la belleza y la vitalidad de la interpretación de estos jóvenes músicos, procedentes de diversos países árabes de Oriente Próximo y de Israel, así como por miembros de la Orquesta Joven de Andalucía, que desarrollan su talento junto a Daniel Barenboim.
Hace 10 años que Barenboim y el filósofo palestino Edward Said, soñaron e hicieron posible este proyecto artístico con el objetivo de fomentar el diálogo y la alianza de estos jóvenes a través de su pasión por la música. Proyectos como éste confirman que la pasión y la fuerza pueden ser encauzadas, con el mismo ímpetu y mayor valentía hacia un objetivo más noble como es la paz.
Música y talento al servicio del entendimiento y de la conciliación. Un concierto prodigioso de voluntades artísticas que nos recuerda que juntos somos capaces de ser mejores. Una lección para el arte y para la vida que deberíamos tener presente más a menudo, ¿no os parece?
70 años recordando a “las 13 Rosas”
Todavía recuerdo la primera vez que leí el libro de
Carlos Fonseca “Trece rosas rojas”. Me resulta imposible no dejarme llevar por las emociones que despierta en su relato, incluso ahora, cuando trato de recordarlo. Especialmente cuando nos explica las deplorables condiciones de vida de las mujeres en las hacinadas cárceles del momento, y las últimas horas de estas jóvenes a las que les parecía impensable que pudieran llegar a matarlas simplemente por pertenecer a las JSU, algunas de ellas, como Blanca Brisac, ni siquiera. Una mujer que se despedía de su hijo diciéndole: “Las buenas personas no guardan rencor”.Ayer mismo, Ángeles García Madrid, a sus 91 años, nos relataba con la pasión de una joven, cómo vivieron las compañeras de la cárcel de Ventas la injusta tragedia de sus amigas de juegos en el patio del penado. Y su testimonio vivo nos ha permitido comprobar que la dignidad y el anhelo de libertad persistió generación tras generación. Que nunca consiguieron que olvidáramos sus nombres, pero mucho menos el sentido de sus vidas, porque los testimonios que faltaban y que fueron silenciados durante tantos años, pervivieron en los corazones y en la memoria de sus amigos y familiares.
Y en actos cívicos como estos comprobamos que junto con la recuperación de la memoria histórica como un derecho de todos, recuperamos también el legítimo orgullo de sabernos herederos y herederas de aquella generación de hombres y mujeres buenos, sedientos de progreso y libertad. Creo que la participación de la sociedad civil en las iniciativas de recuperación de la memoria histórica contribuye claramente a construir una ciudadanía más activa y comprometida en el proceso de elaboración de nuestra propia historia.
Ana, Victoria, Martina, Virtudes, Luisa, Elena, Dionisia, Joaquina, Carmen, Pilar, Blanca, Adelina y Julia. Siempre estaréis presentes en nuestro recuerdo.
Curioso Cluedo en el PP de Madrid
Es habitual es estas fechas que los periódicos aligeren sus contenidos adaptándose a las costumbres veraniegas de los españoles y españolas, dispuestos a pasar unos días de descanso y saludable “desconexión” de los problemas, rutinas y preocupaciones del día a día.
Un elemento habitual de las ediciones especiales de estos días en la prensa diaria es la inclusión de relatos, cuentos o seriales con narraciones del más variado contenido. Las historias de espías e intriga son, en este sentido, un clásico del repertorio, una amena lectura para las tardes de calor que nos esperan. Un agradable pasatiempo ejecutado con maestría por muchos escritores y recibido con alborozo por miles de lectores.
Este verano, no obstante, Esperanza Aguirre y el PP de Madrid se han decidido a rizar el rizo y ofrecernos un interesante culebrón de supuesto espionaje interno y partidista, con cargo a fondos públicos, en el que el avance de las investigaciones promete una interesante sucesión de entregas en las próximas semanas.
Es un tema muy serio y del que deberemos estar pendientes, por más que resulten evidentes los intentos de Aguirre, Granados y compañía, por frivolizar hasta el paroxismo la vida política madrileña y convertir cualquier intento de esclarecimiento de lo ocurrido en un vodevil de enredo sin mayores consecuencias: un relato ligero de dimes y diretes, desmentidos y ausencia de responsabilidades, servido como un juego de mesa, sobre el tablero de las ambiciones que agitan el PP de Madrid.
A estas alturas del relato, con tres asesores de la Comunidad de Madrid imputados, es evidente que el cerrojazo a la comisión de investigación creada en su día en la Asamblea de Madrid fue una decisión inaceptable, una burla a los ciudadanos y a sus representantes que sólo se sustenta en una vocación autoritaria y una práctica antidemocrática muy habitual en el PP madrileño.
Los madrileños y madrileñas, como los propios afectados por los seguimientos ilegales, esperan explicaciones y tienen derecho a conocer toda la verdad sobre los hechos que han sido denunciados. Hay evidencias que empiezan a abrirse paso y señalan muy claramente a dirigentes como Francisco Granados, secretario general del PP, y a la propia Esperanza Aguirre.
El ambiente en la corte de Esperanza Aguirre empieza a ser irrespirable, convertido en un mentidero de rumores, sospechas, enfrentamientos cainitas y divisiones internas, a las que hay que sumar la nueva tarea que hace, según las propias denuncias de miembros del PP, de sus principales dirigentes jefes de espías, espiados o espiables según su cercanía relativa a la lideresa.
En esta situación, es más que cuestionable que el PP madrileño, tenga capacidad, tiempo o intención alguna de gobernar de forma solvente una Comunidad de la importancia y el peso económico, demográfico, social y cultural de Madrid.
Pero lo más increíble es que, en ese curioso Cluedo en el que se ha convertido la vida interna del PP madrileño, Esperanza, Esperanza, como en la canción, sólo sepa bailar cha cha cha.
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